Una historia sobre los inicios del periodismo moderno
El joven Pulitzer decide emigrar a los Estados Unidos
Primera Parte
por: Rolando SifuentesCuando Joseph Pulitzer Berger, se embarcó en Hamburgo el año de 1864 con destino a los Estados Unidos para enrolarse en el ejército de la Unión, ni remotamente se imaginó que tiempo después iba a llegar a ser uno de los periodistas más renombrados del mundo, ni menos aún que su nombre iba a perdurar por mucho tiempo, como iniciador del periodismo moderno y por el otorgamiento de los premios anuales al periodismo que llevan su nombre. Joseph Pulitzer, el inmigrante húngaro que llegó casi sin dinero en el bolsillo, se convirtió en batallador del bien público desde el Post-Dispatch de San LuÃs y después desde el World de Nueva York que por el año 1890 llegó a tirar 700,000 ejemplares diarios.
Pero la carrera del joven Joseph para alcanzar el éxito, no fue lograda fácilmente, por el contrario, sus comienzos fueron muy difÃciles. Al quedar huérfano de padre, y no tener fortuna, decidió abandonar el hogar materno para no ser una carga para su madre. Intentó enrolarse en el ejército húngaro pero fue rechazado por tener una visión deficiente, lo mismo le ocurrió cuando se presentó a los ejércitos de Austria, Alemania, Francia e Inglaterra, en todos fue rechazado por el mismo motivo.
Al enterarse de que en Norte América se libraba una guerra civil, inmediatamente invirtió sus últimos recursos en comprar un pasaje para Nueva York. Llegó a las costas americanas contando solo con 17 años, y sus desventuras continuaron desde el primer dÃa que llegó al nuevo paÃs pues del inglés solo conocÃa pocas palabras. Esta vez no hubo problema para ingresar al primer regimiento de la "CaballerÃa Lincoln", lo anotaron como Joseph Pouletzes. De nada le valieron sus protestas por el error cometido y fue llamado asà durante toda la campaña.
Las únicas cualidades buenas que exhibió el recluta Joseph en su unidad, fueron la destreza para jinetear caballos y su maestrÃa para jugar el ajedrez. Sus demás compañeros le agarraron ojeriza por su chocante locuacidad no obstante su pobre inglés, tenÃa además una irresistible curiosidad para averiguarlo todo. Se convirtió en la vÃctima del batallón pero él resistió estoicamente las chanzas hasta el final de la contienda.
La unión salió victoriosa, se obtuvo la abolición de la esclavitud, por una parte, y por la otra se perdió a Abraham Lincoln. En julio de 1865, el regimiento de Pulitzer fue congregado en la isla de Hart, Nueva York, los soldados recibieron su última paga, y fueron dados de baja en su totalidad.
El veterano Joseph, que ahora contaba con un año más de vida y algo más de experiencia en el grande y joven paÃs, modificó su apellido a la manera como era pronunciado, esto es Pulitzer, y marchó luego a la gran metrópoli en busca de fortuna. Pero a las pocas semanas de estar en Nueva York se dio cuenta de la realidad: miles de soldados habÃan invadido la ciudad con iguales intenciones que las de él y no habÃa cabida para tantos. El dinero se le terminaba y no conseguÃa empleo, su uniforme estaba raÃdo por el uso pues no tenÃa otra cosa que ponerse, pero no por eso perdÃa su orgullo inculcado en su pueblo natal, Makdo, (cerca a Budapest) por su madre, y siempre que podÃa se daba el lujo de hacerse lustrar los zapatos con el lustrabotas que estaba en la puerta del lujoso hotel French's.
Uno de esos dÃas tomó asiento al lado de un banquero que también se estaba lustrando, aquel vestÃa como un dandy, con chaqueta fina y cuello de piel. Al ver a Joseph en aquella traza, lo miró con desprecio, cosa que fue advertida por el lustrador; al terminar con su cliente de primera el
lustrador le dijo a Joseph con aire de incomodidad:
-Oiga don; me desagrada decÃrselo, pero ¿Por qué no me hace el favor de no aparecerse más por acá?
-¿Por qué?- inquirió Joseph, quien ya entendÃa bastante bien el inglés pero lo hablaba mal.
-Porque no me conviene, nada más. A los ricachos del hotel no les gusta sentarse al lado de un alguien que parece un pordiosero.
-¡Pordiosero!- exclamó Joseph indignado-. Llamarme pordiosero a mÃ, vea no tengo nada roto. Yo mismo me remiendo la ropa.
El lustrabotas se encogió de hombros.
Joseph comprendió perfectamente la aprensión del hombre y decidió no prolongar más la discusión. En cierto modo tenÃa razón y no lo podÃa culpar del todo por aquella actitud tan drástica. Cuando ya se disponÃa a abandonar el asiento, el lustrabotas le dio un consejo:
-Váyase de Nueva York compañero. Váyase a otro lado, a cualquier parte, nunca podrá ser tan malo como acá.
Ese mismo dÃa Joseph decidió abandonar la ciudad que tan mal lo trataba. La suerte lo hizo encontrar con otro veterano del regimiento Lincoln. Joseph le conversó sobre su decisión de abandonar Nueva York pero con la condición que fuera a un lugar que se hable puro inglés para practicarlo bien; su interlocutor, que ya estaba acostumbrado a hacerle todo tipo de bromas en el regimiento, quiso hacerle una más; le contestó con aparente sinceridad.
-Sé de un lugar ideal para ti; no se habla más que inglés y se llama San LuÃs, allá en el oeste.1 Fue de ese modo como el destino envió a Joseph a esa ciudad, San LuÃs, fundada por alemanes, habitada por estos en su gran mayorÃa y la comunidad inglesa era muy pequeña. Pero esta ciudad tenÃa su lado positivo, sin embargo; estaba en plena expansión por ser lugar estratégico
para el paÃs que estaba en plena marcha hacia el oeste. HabÃan magnÃficas calles y casas comerciales de aspecto importante, también bancos, bibliotecas y grandes hoteles que reflejaban la prosperidad de sus habitantes.
Joseph se encontró, de pronto, allà sin un centavo en el bolsillo comenzando una nueva lucha por la subsistencia diaria. Hizo de todo; primero fue bombero, después cuidador de mulas, estibador, camarero, mensajero de unos jóvenes abogados, etc. En este último trabajo, al mandadero Joseph le interesó las leyes y empezó a estudiarlas igual como lo habÃa hecho Lincoln, su Ãdolo. Llegó a graduarse en leyes a los veintiún años.
El único pasatiempo que tenÃa Joseph, después de su trabajo, eran los libros. Se habÃa convertido en ratón de biblioteca. Un buen dÃa, Joseph desalentado por lo mal que le habÃa ido con los trabajos ocasionales del dÃa, se fue a la biblioteca, nada más que por estar solo, sin imaginarse que esa noche conocerÃa a los hombres que lo iban a lanzar al mundillo de los linotipos y
cuartillas: Carl Schulz, republicano, y senador por Missouri, se encontraba allà en compañÃa de su amigo y socio Emil Preetorius. Ambos dirigÃan el periódico Wesliche Post.
Schulz y Preetorius jugaban al ajedrez, y Joseph aficionado al juego-ciencia se acercó a ellos en actitud observadora, al verlos cometer innumerables errores en la movidas, no pudo contenerse e intervino dando consejos a los dos señores quienes no tomaron a mal al entrometido pues se daban
cuenta que sabÃa bastante, más bien ambos jugaron varias partidas con Joseph.
Fue de ese modo como quedó hecha la amistad, de manera tan ocasional, entre el joven de aplastante vigor, lleno de nuevas ideas y aquellos grandes señores. Al poco tiempo, Joseph entró a trabajar como reportero en el Wesliche Post en reemplazo de un renunciante.
El director, con bastante escepticismo, le encomendó como primer trabajo, ir en busca de datos sobre un robo ocurrido la noche anterior en una librerÃa; lo puso al tanto de las costumbres de aquella época: debÃa pedir los datos al reportero Peters del Dispatch, quien era el único
periodista autorizado para entrevistar a los protagonistas y luego trasmitirlos a los demás reporteros.
Con esta consigna, el bisoño reportero llegó al lugar justo cuando ya Peters informaba a los demás; Joseph copió fielmente lo que Peters decÃa: "Hicieron el trabajito esta madrugada antes que llegara el dueño Roslain. Forzaron la puerta, violaron la caja de valores y se llevaron 175 dólares. Se sospecha de un hombre alto y rubio al que Roslain vio merodeando por las cercanÃas en
las últimas horas de la noche."
Con esos lacónicos datos los reporteros volaron a sus respectivos periódicos a preparar la crónica que saldrÃa al siguiente dÃa, pero Joseph, incrédulo ante lo que veÃan sus ojos, no se movió de allÃ. ¿Cómo era posible que esos reporteros hicieran la noticia con esos datos tan cortos como si
fuera un telegrama? No era posible, tendrÃan que imaginarse el resto para presentar la noticia completa.
Ese mismo dÃa de su debut, Pulitzer hizo una gran innovación en el periodismo. No estando conforme con la información de Peters, se acercó a la puerta de la librerÃa que estaba cerrada e insistió en que le dieran más información; por suerte Roslain conocÃa a Pulitzer por ser cliente de la librerÃa de modo que accedió a conversar.
El resultado de aquella conversación fue que al dÃa siguiente, el Westliche Post, presentara una reporte diferente al de los demás diarios, pues mientras que Pulitzer dijo; que el principal sospechoso era el empleado de la librerÃa, los otros dijeron que el sospechoso era según la versión de Peters: "El hombre alto y rubio". A los pocos dÃas la policÃa basándose en los hechos presentados por el muy objetivo Pulitzer, arrestó al empleado quien trataba de huir presuroso con el dinero robado.
Después de aquel triunfo, Pulitzer se dio Ãntegro noche y dÃa a la tarea de buscar noticias, nombres, hechos; nada se le escapaba y abrumó tanto al director que éste cedió terreno ante el ya no tan bisoño reportero. A partir de allà Joseph Pulitzer empezó a tratar los asuntos de su trabajo
con el propio directorio: Schulz y Prettorius. El periódico empezó a tener más publicidad y a aumentar su tiraje.
CONTINUARA
Joseph Pulitzer at a Glance
Joseph Pulitzer ( PULL-it-s?r;. The more anglicized pronunciation PYOO-lit-s?r is common but widely considered incorrect. April 10, 1847Date of birth according to the Encyclopædia Britannica.?October 29, 1911), né Politzer József, was a Hungarian-American publisher best known for posthumously establishing the Pulitzer Prizes and for originating yellow journalism (along with William Randolph Hearst).
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Joseph Pulitzer and the modern journalism
Historia de Pulitzer contada como cuento, desde su llegada de Europa hasta sus últimos días
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