Regalos, Esa Linda Tradición
Ancianos, niños, ricos, pobres, hombres y mujeres, todos por igual compartimos el agrado que nos brindan los regalos.
Recordar un momento, agasajar, conmemorar un logro o un momento, o simplemente demostrar que hemos tenido en nuestros recuerdos a alguien especial. Todo es válido cuando se trata de regalar. Y es que un regalo puede ser un simple presente, o puede ser ese extraño paquete que logra unir a las personas en lazos profundos y duraderos, expresando nuestras verdaderas intenciones o sentimientos adornados con un lazo especial para la ocasión.
No es para todos igual el gusto por entregar un presente. Hay quienes gozan del proceso de pensar, escoger, envolver y entregar un regalo en el momento que sea, y hay quienes lo toman como un mero evento necesario. Pero todos coinciden en un punto: el gusto por recibirlos. No se trata sólo del contenido: en la mayoría de los casos es el sólo hecho de saber que alguien pensó en nosotros, en nuestros gustos y necesidades, nos quiso agasajar, quiso hacernos sentir mejor, y materializó todo ese paquete de sensaciones para poner en nuestras manos un poco de felicidad.
El arte de regalar.
Para quienes gozan de regalar, el verdadero placer reside en la búsqueda y la ejecución más que en el presente en sí. Y es que se puede solicitar un ramo de flores en las tiendas especializadas sin darle especificaciones al encargado, o también se puede pensar en las flores favoritas de ese alguien especial, en sus colores predilectos, en los aromas que evocan a algún momento pasado en particular y hacer de este ramo algo único e individual.
No es indispensable, seguro que no. En épocas de celebraciones, tales como la Navidad, sucede que es necesario escoger más de uno (de hecho: muchos) regalos , en ocasiones incluso para personas a las que no conocemos del todo. Es allí cuando vamos de compras. Provistos de un cómodo calzado y dotados de gran paciencia salimos a las calles y recorremos a vistas cuantas vidrieras nos estén disponibles, y vamos sorteando entre las ofertas para llegar a algún artículo que sea funcional, bello, a la moda y de buen gusto para poder convidar alegría a todos en ese momento indicado.
Lana por lana, hilo por hilo.
A veces es más sencillo hacer un presente que sea "generalizado" ¿Quién no ha recibido (u obsequiado), alguna vez, un práctico paraguas, un útil llavero o un moderno gorro? Pero cuando se trata de personas que conocemos, y en especial que conocemos sus objetos y vestuarios, la situación toma un giro inesperado: qué obsequiar a alguien que ya posee lo que pensábamos entregarle. ¿Elegimos las ropas de moda? Aunque siempre viste de una manera clásica. ¿Buscamos un teléfono celular con todos los avances? Aunque adora a su pequeño y viejo celular ya personalizado. ¿Compramos un delicioso perfume? Quizás sea demasiado floral.
El verdadero truco, si se desea regalar con sentimiento, es no caer en soluciones magistrales. Si se trata de alguien que no nos es especial, o se trata de un presente que hacemos por puro convencionalismo, no está de más pensar en tarjetas de regalos a los sitios más frecuentados, quizás incluso no importe incluir la boleta para cambios dentro del envoltorio. Pero si se trata de alguien querido, el valor será en dedicar un buen momento (minutos, días, semanas) de consideración, de evaluación, de hacer las preguntas indicadas para no revelar nuestros planes, de tener oídos atentos para registrar algunas informaciones en charlas cotidianas tales como "en este bolso nunca puedo hallar mis llaves" o "me han dicho que esta malta es deliciosa, pero no tengo tiempo de buscarla". Todo recurso es válido a la hora de pensar en el regalo ideal.
Un regalo, una historia.
Hay diversas posiciones en cuanto a la verdadera historia del regalo. Algunos se inclinan hacia lo bíblico, la historia de cómo los Reyes Magos agasajaron al Niño Cristo nacido con mirra, incienso y oro. Hay quienes lo atribuyen a la persuasión para concretar negocios desde épocas inmemoriales. Hay quienes relacionan a los regalos con los buenos augurios: con la prosperidad de regalar mieles en Año Nuevo, con la fecundidad de arrojar arroz a los recién casados para que pronto inicien una nueva familia; con el romanticismo de hacer flotar pétalos de flores en las fuentes para comunicar el nuevo amor a toda la ciudad; de la bonanza de regalar semillas a los recién mudados de domicilio para que la tierra sea siempre firme a sus pies.
Claro está, existe tal cosa como el regalo malintencionado, el caballo de Troya con un aspecto socialmente aceptado. Las malas intenciones y los malos augurios tomas desprevenidos a quienes no tienen instrucción en el asunto, en ocasiones incluso quien brinda el obsequio desconoce de su acto (quizás por alguna sensación oculta o desconocida) y lo hace sin conciencia de maldad. Entre los más populares está el de regalar perlas a las novias (se sabe que las perlas son símbolos de lágrimas, y si no se trata de una antigua herencia familiar, hacer este presente es de mal augurio), dar electrodomésticos como obsequio para el día de las Madres (¡se trata de su día, no de una invitación a hacer el aseo doméstico!), obsequiar artefactos de higiene corporal (tales como afeitadores, depiladotes, desodorantes u otros) a personas ajenas a su familia directa y privada, obsequiar ropa de tallas pequeñas a personas que han subido de peso (o que ya sabes que tienen mayor tamaño que el de la prenda que has comprado), y bajo ningún aspecto, aunque siempre sea de gran utilidad, se debe de regalar dinero: no hay señal más clara de desinterés que el entregar billetes en lugar de un objeto para una ocasión especial.
Y también se ha de tener en cuenta algunos detalles en cuanto a la terminación del obsequio. A sabiendas, no es de buen gusto hacer entrega de un presente sin envoltorio (en algunas culturas esto es casi un insulto, una demostración del desinterés prestado a la celebración), aunque hay que interiorizarse en el cómo y en el qué, por ejemplo, las cajas de chocolates (en especial los finos) no deben de ser envueltas, sino adornadas sólo con un listón aunque a nadie vas a ofender si ya la has envuelto, ¡no te pongas a desarmarla en forma urgente si ya la tienes preparada, ni te arrepientas de haber regalado una caja envuelta en el pasado!
Pero, aunque las intenciones varíen, siempre se trata de un agasajo. Ya sea para agradar a otra persona o para expresar nuestro cariño, el acto del regalo en sí es eterno, sin principio ni fin.
Para cada ocasión
No es indispensable, a la hora de regalar, que haya un suceso o situación que lo amerite. Hacer un obsequio es, de por sí, un evento meritorio, y puede darse sin condiciones. Los presentes han de ser entregados sin ton ni son, sin esperar algo a cambio, y en el momento es el que queramos entregarlos, aunque sea un instante de espontánea demostración de afecto.
Recibir un regalo siempre alegra, esperanza y levanta el ánimo, por lo que es cotidiano entregarle un presente a alguien que sufre de mal de amores, de penas, de ansiedades, y hasta existen excelentes opciones para regalar a quienes sufren de nervios o algunos dolores.
Pero, claro está, los regalos se nos presentan ocasionalmente en ocasiones más alegres y especiales. Puede ser un cumpleaños, un aniversario, un día de celebración dedicado a algún estatus propio (tales como días de la Madre, de los Enamorados, en la celebración de nuestra profesión), en fechas religiosas (tales como Navidad, Reyes Magos, en la celebración de un Bautismo o Primera Comunión) o eventos sociales propios de nuestras culturas y lugares (como el Festival del Presente Colombiano). No escapan de esta lista las celebraciones por logros obtenidos (como recibir un ascenso en el trabajo, recibir un diploma o terminar nuestros estudios) o en ocasiones de verdaderos festejos (haber terminado una terapia médica, haber salido ileso a un accidente o de una internación) y por qué no en aquellos momentos en que nos cambia la vida por completo (Bodas, Nacimientos o anuncios de embarazo).
Regalos 2.0
Es sabido que en ciertas culturas asiáticas, el valor del presente reside en su presentación más que en su contenido. Se trata de la dedicación invertida en lograr ese envoltorio perfecto, en enlazar la cinta de colores que le brindará un mejor aspecto, en buscar entre cientos de opciones la tarjeta impresa con la frase ideal.
Pero, con el avance de nuestras sociedades y los cambios de ritmos de vidas, los presentes han variado y también evolucionado. Ya no es necesario pasar horas caminando y mirando las vidrieras (aunque sigue siendo esperado el invertir tiempo entre las vidrieras electrónicas). Con os avances en las comunicaciones y servicios, se dispone de una gran variedad de sitios web que nos ofrecen no sólo un producto, sino en ocasiones incluyen envoltorios, presentaciones y envíos. Vale decir que el arte de regalar se ha vuelto incluso más sencillo en su materialización, pero no por eso más fácil en su idealización.
Y los obsequios también han trascendido las fronteras de lo material. Cada día es más común recibir presentes digitales, intangibles, pero igualmente conmovedores. Sin esperas, sin envíos que tardan día: son instantáneos, se nos entregan en nuestros ordenadores y quedan allí para siempre, para poder disfrutar de ellos todas las veces que queramos. Ya sea un álbum de fotos para que el mundo entero nos vea o una tarjeta electrónica animada que nos hace saber que alguien está pensando en nosotros, la sensación es siempre similar: nos hacen sentir queridos, apreciados y verdaderamente valorados.
Hoy, que el mundo es una gran comunidad de puertas abiertas, tenemos más y más variedad, ofertas, marcas y opciones, lo que nos permite, invirtiendo nuestros dos centavos de interés en el asunto, acertar en el regalo perfecto para ese alguien especial, en ese momento especial, para convidarle ese sentimiento especial que llevamos dentro.
Recordar un momento, agasajar, conmemorar un logro o un momento, o simplemente demostrar que hemos tenido en nuestros recuerdos a alguien especial. Todo es válido cuando se trata de regalar. Y es que un regalo puede ser un simple presente, o puede ser ese extraño paquete que logra unir a las personas en lazos profundos y duraderos, expresando nuestras verdaderas intenciones o sentimientos adornados con un lazo especial para la ocasión.
No es para todos igual el gusto por entregar un presente. Hay quienes gozan del proceso de pensar, escoger, envolver y entregar un regalo en el momento que sea, y hay quienes lo toman como un mero evento necesario. Pero todos coinciden en un punto: el gusto por recibirlos. No se trata sólo del contenido: en la mayoría de los casos es el sólo hecho de saber que alguien pensó en nosotros, en nuestros gustos y necesidades, nos quiso agasajar, quiso hacernos sentir mejor, y materializó todo ese paquete de sensaciones para poner en nuestras manos un poco de felicidad.
El arte de regalar.
Para quienes gozan de regalar, el verdadero placer reside en la búsqueda y la ejecución más que en el presente en sí. Y es que se puede solicitar un ramo de flores en las tiendas especializadas sin darle especificaciones al encargado, o también se puede pensar en las flores favoritas de ese alguien especial, en sus colores predilectos, en los aromas que evocan a algún momento pasado en particular y hacer de este ramo algo único e individual.
No es indispensable, seguro que no. En épocas de celebraciones, tales como la Navidad, sucede que es necesario escoger más de uno (de hecho: muchos) regalos , en ocasiones incluso para personas a las que no conocemos del todo. Es allí cuando vamos de compras. Provistos de un cómodo calzado y dotados de gran paciencia salimos a las calles y recorremos a vistas cuantas vidrieras nos estén disponibles, y vamos sorteando entre las ofertas para llegar a algún artículo que sea funcional, bello, a la moda y de buen gusto para poder convidar alegría a todos en ese momento indicado.
Lana por lana, hilo por hilo.
A veces es más sencillo hacer un presente que sea "generalizado" ¿Quién no ha recibido (u obsequiado), alguna vez, un práctico paraguas, un útil llavero o un moderno gorro? Pero cuando se trata de personas que conocemos, y en especial que conocemos sus objetos y vestuarios, la situación toma un giro inesperado: qué obsequiar a alguien que ya posee lo que pensábamos entregarle. ¿Elegimos las ropas de moda? Aunque siempre viste de una manera clásica. ¿Buscamos un teléfono celular con todos los avances? Aunque adora a su pequeño y viejo celular ya personalizado. ¿Compramos un delicioso perfume? Quizás sea demasiado floral.
El verdadero truco, si se desea regalar con sentimiento, es no caer en soluciones magistrales. Si se trata de alguien que no nos es especial, o se trata de un presente que hacemos por puro convencionalismo, no está de más pensar en tarjetas de regalos a los sitios más frecuentados, quizás incluso no importe incluir la boleta para cambios dentro del envoltorio. Pero si se trata de alguien querido, el valor será en dedicar un buen momento (minutos, días, semanas) de consideración, de evaluación, de hacer las preguntas indicadas para no revelar nuestros planes, de tener oídos atentos para registrar algunas informaciones en charlas cotidianas tales como "en este bolso nunca puedo hallar mis llaves" o "me han dicho que esta malta es deliciosa, pero no tengo tiempo de buscarla". Todo recurso es válido a la hora de pensar en el regalo ideal.
Un regalo, una historia.
Hay diversas posiciones en cuanto a la verdadera historia del regalo. Algunos se inclinan hacia lo bíblico, la historia de cómo los Reyes Magos agasajaron al Niño Cristo nacido con mirra, incienso y oro. Hay quienes lo atribuyen a la persuasión para concretar negocios desde épocas inmemoriales. Hay quienes relacionan a los regalos con los buenos augurios: con la prosperidad de regalar mieles en Año Nuevo, con la fecundidad de arrojar arroz a los recién casados para que pronto inicien una nueva familia; con el romanticismo de hacer flotar pétalos de flores en las fuentes para comunicar el nuevo amor a toda la ciudad; de la bonanza de regalar semillas a los recién mudados de domicilio para que la tierra sea siempre firme a sus pies.
Claro está, existe tal cosa como el regalo malintencionado, el caballo de Troya con un aspecto socialmente aceptado. Las malas intenciones y los malos augurios tomas desprevenidos a quienes no tienen instrucción en el asunto, en ocasiones incluso quien brinda el obsequio desconoce de su acto (quizás por alguna sensación oculta o desconocida) y lo hace sin conciencia de maldad. Entre los más populares está el de regalar perlas a las novias (se sabe que las perlas son símbolos de lágrimas, y si no se trata de una antigua herencia familiar, hacer este presente es de mal augurio), dar electrodomésticos como obsequio para el día de las Madres (¡se trata de su día, no de una invitación a hacer el aseo doméstico!), obsequiar artefactos de higiene corporal (tales como afeitadores, depiladotes, desodorantes u otros) a personas ajenas a su familia directa y privada, obsequiar ropa de tallas pequeñas a personas que han subido de peso (o que ya sabes que tienen mayor tamaño que el de la prenda que has comprado), y bajo ningún aspecto, aunque siempre sea de gran utilidad, se debe de regalar dinero: no hay señal más clara de desinterés que el entregar billetes en lugar de un objeto para una ocasión especial.
Y también se ha de tener en cuenta algunos detalles en cuanto a la terminación del obsequio. A sabiendas, no es de buen gusto hacer entrega de un presente sin envoltorio (en algunas culturas esto es casi un insulto, una demostración del desinterés prestado a la celebración), aunque hay que interiorizarse en el cómo y en el qué, por ejemplo, las cajas de chocolates (en especial los finos) no deben de ser envueltas, sino adornadas sólo con un listón aunque a nadie vas a ofender si ya la has envuelto, ¡no te pongas a desarmarla en forma urgente si ya la tienes preparada, ni te arrepientas de haber regalado una caja envuelta en el pasado!
Pero, aunque las intenciones varíen, siempre se trata de un agasajo. Ya sea para agradar a otra persona o para expresar nuestro cariño, el acto del regalo en sí es eterno, sin principio ni fin.
Para cada ocasión
No es indispensable, a la hora de regalar, que haya un suceso o situación que lo amerite. Hacer un obsequio es, de por sí, un evento meritorio, y puede darse sin condiciones. Los presentes han de ser entregados sin ton ni son, sin esperar algo a cambio, y en el momento es el que queramos entregarlos, aunque sea un instante de espontánea demostración de afecto.
Recibir un regalo siempre alegra, esperanza y levanta el ánimo, por lo que es cotidiano entregarle un presente a alguien que sufre de mal de amores, de penas, de ansiedades, y hasta existen excelentes opciones para regalar a quienes sufren de nervios o algunos dolores.
Pero, claro está, los regalos se nos presentan ocasionalmente en ocasiones más alegres y especiales. Puede ser un cumpleaños, un aniversario, un día de celebración dedicado a algún estatus propio (tales como días de la Madre, de los Enamorados, en la celebración de nuestra profesión), en fechas religiosas (tales como Navidad, Reyes Magos, en la celebración de un Bautismo o Primera Comunión) o eventos sociales propios de nuestras culturas y lugares (como el Festival del Presente Colombiano). No escapan de esta lista las celebraciones por logros obtenidos (como recibir un ascenso en el trabajo, recibir un diploma o terminar nuestros estudios) o en ocasiones de verdaderos festejos (haber terminado una terapia médica, haber salido ileso a un accidente o de una internación) y por qué no en aquellos momentos en que nos cambia la vida por completo (Bodas, Nacimientos o anuncios de embarazo).
Regalos 2.0
Es sabido que en ciertas culturas asiáticas, el valor del presente reside en su presentación más que en su contenido. Se trata de la dedicación invertida en lograr ese envoltorio perfecto, en enlazar la cinta de colores que le brindará un mejor aspecto, en buscar entre cientos de opciones la tarjeta impresa con la frase ideal.
Pero, con el avance de nuestras sociedades y los cambios de ritmos de vidas, los presentes han variado y también evolucionado. Ya no es necesario pasar horas caminando y mirando las vidrieras (aunque sigue siendo esperado el invertir tiempo entre las vidrieras electrónicas). Con os avances en las comunicaciones y servicios, se dispone de una gran variedad de sitios web que nos ofrecen no sólo un producto, sino en ocasiones incluyen envoltorios, presentaciones y envíos. Vale decir que el arte de regalar se ha vuelto incluso más sencillo en su materialización, pero no por eso más fácil en su idealización.
Y los obsequios también han trascendido las fronteras de lo material. Cada día es más común recibir presentes digitales, intangibles, pero igualmente conmovedores. Sin esperas, sin envíos que tardan día: son instantáneos, se nos entregan en nuestros ordenadores y quedan allí para siempre, para poder disfrutar de ellos todas las veces que queramos. Ya sea un álbum de fotos para que el mundo entero nos vea o una tarjeta electrónica animada que nos hace saber que alguien está pensando en nosotros, la sensación es siempre similar: nos hacen sentir queridos, apreciados y verdaderamente valorados.
Hoy, que el mundo es una gran comunidad de puertas abiertas, tenemos más y más variedad, ofertas, marcas y opciones, lo que nos permite, invirtiendo nuestros dos centavos de interés en el asunto, acertar en el regalo perfecto para ese alguien especial, en ese momento especial, para convidarle ese sentimiento especial que llevamos dentro.
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